domingo, 27 de octubre de 2013

LA ENTREVISTA: JORGE GÓMEZ JIMÉNEZ (LETRALIA).


JORGE GÓMEZ JIMÉNEZ (LETRALIA): o como la ficción puede ser más tangible que la realidad

Hace ya diecisiete años, un 20 de mayo de 1996, se concretaba una utopía: nacía LETRALIA.¿Qué es LETRALIA? es una revista literaria fundada en Cagua, Estado Aragua, Venezuela, creada para la difusión de la literatura del mundo de habla hispana. También la primera en ser distribuida por correo electrónico en América Latina. En la actualidad, LETRALIA posee un extenso archivo de obras, muchas de las cuales han alcanzado reconocimiento internacional. En su decimocuarto aniversario, el 22 y 23 de mayo de 2010, se llevó a cabo en Maracaibo, el Encuentro Nacional de Ciberliteratura y Escritores Inéditos, evento convocado en homenaje a LETRALIA organizado por la Universidad de Zulia. En estos 17 años LETRALIA ha pasado por diferentes etapas, en particular una época en que estuvo próxima a no ser publicada más; pero con trabajo, talento, un poco de suerte y bastante tozudez mucho de lo mejor de la literatura mundial (en particular de Latinoamérica) ha pasado por sus páginas. Hoy LETRALIA es mucho más que una revista digital. En sus páginas se puede encontrar información sobre concursos, notas sobre literatura, poesía, prosa, talleres, etc. Además cuenta con EDITORIAL LETRALIA, que lleva publicados algunos títulos como: Fabulario Minimalista (de Wilfredo Carrizales, Venezuela), Poeta en la luna de Cuba (René Dayre Abella, Cuba) o las antologías de su 16º aniversario: Letras Adolescentes y de su 17º aniversario: El extraño caso de los escritos criminales.
Algunos de sus reconocimientos son: año 2006, Finalista del Stockholm Challenge Award (Categoría Cultura, en Suecia). Año 2007, Ganador del Premio Nacional del Libro (Venezuela). Año 2008,  Finalista del Stockholm Challenge Award (Categoría Cultura en Suecia)
El alma mater de este exitoso proyecto es el escritor venezolano Jorge Gómez Jiménez (Cagua, Estado Aragua, 1971). Su extensa y prolífica actividad incluye estos hitos: entre 1989 y 1990 dirige la Peña Literaria Cahuakao (Cagua, Estado Aragua, Venezuela). Entre 1990 y 1993 el semanario El Tabloide, de la misma ciudad. Desde 1996 edita en Internet la revista literaria LETRALIA. COM. Desde 1997 desarrolla actividades culturales en la Asociación Civil Pie de Página (Maracay, Estado Aragua, Venezuela). Su actividad literaria incluye: la obtención del primer lugar en los concursos de narrativa Semana de la Juventud (Ateneo de La Victoria, 1996), Poeta Pedro Buznego (Casa de la Cultura de El Consejo, 1997) y en el X Concurso Anual de la Universidad Central de Venezuela (Maracay, 2002), así como el Premio Nacional del Libro de Venezuela 2007 por la revista Letralia.com (Caracas, 2009).

Además, obtuvo el segundo lugar en el 3r Concurso de Mini-Cuentos Los Desiertos del Ángel (Secretaría de Cultura del estado Aragua, 1998), una mención honorífica en el XXIII Concurso de Relatos Ciudad de Zaragoza (España, 2005) y ha sido finalista en dos ocasiones, con la revista LETRALIA.COM, de los premios Stockholm Challenge (Estocolmo, Suecia, 2006, 2008). Su novela El rastro, publicada en Internet en 1996, recibió en 2007 el puesto Nº 32 en la lista “Las mejores 100 novelas de la lengua española de los últimos 25 años”, de la revista Semana, de Colombia.
Pero, ciertamente, lo mejor sería conocer por el propio Jorge Gómez Jiménez sobre su actividad literaria y los avatares que llevaron a cristalizar el proyecto LETRALIA.


RJB: Jorge, hemos podido comprobar que es muy difícil rastrear por Internet la actividad literaria actual en Venezuela. ¿A qué se debe que los poetas y escritores venezolanos sean tan reacios a los medios digitales?

JGJ: Yo no aprecio las cosas de la misma manera. En Venezuela hay un movimiento literario bullente que permanece publicando y renovándose a través de los frentes que suelen funcionar en todas las literaturas: editoriales, encuentros, concursos. Hay un proceso evolutivo natural y se está desarrollando exactamente de la manera como debe hacerlo, con sucesivas oleadas de autores jóvenes y desconocidos que se van abriendo camino para ubicarse al lado de quienes ya han llevado sus carreras a ciertos niveles. Ese proceso ha sido motorizado con vigor por Internet, que brindó una plataforma para que los autores se conocieran entre sí, se dieran a conocer en el exterior y conocieran lo que se está escribiendo en otros países. Iniciativas digitales como Ficción Breve Venezolana o Prodavinci, así como la masiva proliferación de blogs y otras publicaciones, han propiciado la presencia sostenida de nuestros autores en la red. Es cierto que este proceso ha encontrado dificultades puntuales, tecnológicas y económicas: el servicio en Venezuela es, en líneas generales, caro y de mala calidad. Pero aun así buena parte de la literatura venezolana contemporánea pasa por Internet.


RJB: ¿Cómo logró que Letralia fuera un proyecto digital exitoso? ¿Recibió algún tipo de estímulo del Estado?

JGJ: La verdad es que ni yo mismo tengo respuesta para el éxito de Letralia. Simplemente me senté a hacer la revista que hubiera querido leer en 1996, con textos de autores desconocidos, que estaban en la misma búsqueda que yo. Gente que quería ser leída, que quería recibir opiniones de sus contemporáneos. Cómo llegó a calar en el gusto de tantos lectores, es algo que continúa siendo un misterio para mí. Y sí, en una oportunidad, hace varios años, recibimos un pequeño aporte del Estado, aunque de alguna manera la sobrevivencia de Letralia todo este tiempo es también otro misterio.
 

RJB: es nuestra creencia que la llamada Generación del 28 fue un movimiento literario antecedente inmediato de lo que sería el boom latinoamericano. Considerando la cantidad y calidad de literatos venezolanos ¿Por qué tenemos en la actualidad tan pocas referencias del panorama literario venezolano en particular?

JGJ: Ha incidido mucho una impericia proverbial del Estado en materia económica —y con esto no me refiero a la situación coyuntural actual sino a una falla histórica de muchas décadas—, que paulatinamente ha ido acorralando al sector editorial. Pero también hay otros factores. Creo que en Venezuela jamás se ha llegado a un nivel de profesionalización del oficio que permita la difusión masiva de lo que hacen nuestros autores. En Venezuela no existen agencias literarias ni, en general, un entorno profesional para el escritor. Ni siquiera los escritores que han logrado mayor éxito pueden decir que han asegurado su subsistencia gracias a ese éxito. No hay un esfuerzo sustancial, sostenido, para respaldar a nuestros autores en ferias internacionales ni en otros foros que puedan contribuir a la publicación fuera de las fronteras del país.

RJB: ¿Piensa que los medios electrónicos puedan desplazar al libro impreso en papel?

JGJ: Sí, creo que será la evolución natural del libro o, propiamente dicho, de la difusión de contenidos. Lo vio Michael Hart en los años 70 cuando era apenas un estudiante abrumado por la tarea que le habían encomendado de averiguar el uso que se le podía dar a la colosal computadora de la Universidad de Illinois: “El mayor valor intrínseco en las computadoras no está en la computación, sino en su capacidad para almacenar, recuperar y localizar datos”. El libro en cuanto objeto ya disponía de esta capacidad, pero la computadora —y con este término englobamos toda la inventiva digital, desde la ya venerable PC hasta los modernos aparatos híbridos y más ligeros— indudablemente representa un salto inmenso y una solución aceptable a todas las limitaciones que nos impone el libro con su impronta de quinientos años de historia. Costos de producción y transporte, localización de la información y posibilidades de interacción son algunas de esas limitaciones. La necesidad de corregirlas es lo que ha venido impulsando el paulatino desarrollo del libro digital. El camino por recorrer pasará por resolver problemas de compatibilidad y, lo más importante, la dependencia de los dispositivos actuales respecto a una fuente de energía. Cuando sean superados estos inconvenientes —que hacen de lo digital una solución hasta ahora sólo aceptable—, la humanidad se despedirá del libro impreso, aunque, claro, nunca se despedirá del libro.


RJB: Jorge, su padre falleció muy joven (usted contaba apenas con 11 años). Aparte de su madre docente. ¿Qué otras influencias recibió para decantar por la literatura?

JGJ: En realidad todo se redujo a ellos dos. Mi casa estuvo desde siempre llena de libros y para mí era natural pasar horas con ellos, incluso antes de que aprendiera a leer. No quiero decir con esto que desdeñara los juguetes o salir a jugar con los chicos de la cuadra, sino que los libros formaban parte de mi actividad y me despertaban tanto interés como los juguetes y los juegos. Todas las influencias externas que recibí posteriormente llegaron cuando ya la decisión estaba tomada, pues yo escribo desde que aprendí a escribir. O quizás desde antes.


RJB: Usted se declara cinéfilo. De ese tipo de amante del cine que puede gozar tanto con la nouvelle vague como con la cinematográfica más pochoclera (en referencia a las infaltables cotufas). ¿Cuál es la escuela cinematográfica que más admira? ¿Qué películas recomendaría a nuestros lectores?

JGJ: Me resulta difícil hablar de escuelas, pues en una tendencia puedes encontrar filmes que te gustan y otros que te disgustan. En materia cinematográfica mis binoculares apuntan más bien a cineastas. Mi lista de recomendaciones siempre está encabezada por Terry Gilliam y, en su filmografía en particular, Brazil. Y después de eso mi lista es bastante variopinta. No creo que pueda desplegarla completa pero mencionaré algunos autores, gente a la que sigo obsesivamente como Woody Allen, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Steven Spielberg, Martin Scorsese, Wim Wenders, Peter Weir, Clint Eastwood, Sydney Pollack, Zhang Yimou, Michel Gondry, Roman Polanski, Richard Linklater, Stanley Kubrick, Alan Parker, Mike Nichols, Michael Radford, Quentin Tarantino, los Coppola —Francis y Sofía—, los hermanos Cohen, los hermanos Scott —Ridley y Tony—, algo de Baz Luhrmann, el mejor Rob Reiner —el de Misery—. Del cine español mis preferidos son Álex de la Iglesia y algo de Almodóvar; García Berlanga, el gran Bigas Luna. Del cine venezolano, Román Chalbaud en su cine clásico hasta Pandemónium —después de eso se desdice a sí mismo haciendo el peor cine posible—, Alberto Arvelo, Diego Rísquez, el primer Luis Alberto Lamata. Incluyo también las series británicas y estadounidenses —lamentablemente nos llega poco de otras latitudes para hacernos un juicio—; soy fan, a niveles ridículos, de Doctor Who; series como Life on Mars, Breaking Bad, Dexter o Spartacus las descargué completas y las conservo como libros preciados. Me encantan esas series británicas con temporadas de cinco o seis episodios. Disfruto mucho comedias como Seinfeld, The Big Bang Theory o Community.


RJB: Desde Julio Cortázar hasta Woody Allen, desde Clint Eastwood hasta Eduardo Galeano el jazz ha seducido a una pléyade de intelectuales de todo el mundo ¿Qué influencia ha tenido en usted? ¿Cuáles son sus músicos predilectos?

JGJ: No soy propiamente un conocedor, sino alguien que disfruta del género. De hecho, en materia musical es lo que más disfruto. Y dentro del género, los grandes intérpretes clásicos, Louis Armstrong, Charlie Parker, Glenn Miller, Ray Charles, Thelonious Monk, Count Basie, Dizzy Gillespie, Miles Davis, John Coltrane, Duke Ellington, Benny Goodman; las voces inmortales de Ella Fitzgerald, Carmen McRae, Billie Holiday. Trabajo todo el día con una emisora de jazz que transmite por Internet. Y, aunque no dependo de la música para escribir, cuando decido escribir con música lo hago con jazz —preferiblemente instrumental— o con Chopin.


RJB: En una de las preguntas le hice mención a la generación del 28 y la revista Válvula. Pues bien, según lo que pude investigar al respecto fue un notorio precedente del movimiento conocido como el boom latinoamericano y en particular lo que se dio en llamar realismo mágico (sobre todo por García Márquez) Sin embargo, y como ejemplo, el escritor Arturo Uslar Pietri en su cuento "La lluvia" ya sienta algunos precedentes sobre este estilo tan particular. Es más (esto a criterio particular), luego de leer el cuento "El marciano" de Ray Bradbury (Crónicas marcianas) encontré más de una similitud en el clima, el desarrollo y los actores principales del relato. El escenario varía (del llano venezolano a las llanuras marcianas), pero se avecina una tormenta. El matrimonio solitario, algo mayor, con una pérdida que afectó sus vidas. En un caso el primogénito y en el otro un perro. Por último la irrupción de lo "mágico" en lo "real".

JGJ: En Venezuela tenemos una antigua leyenda según la cual la novela breve Desde el jardín, de Jerzy Kosinski, está inspirada en “El diente roto”, un relato escrito por Pedro Emilio Coll en 1890. En el cuento del venezolano, a un chico se le rompe un diente y pasa toda la vida acariciándolo con la lengua. Por alguna razón, su permanente estado de ensimismamiento convence a su entorno de que es un genio, hasta el punto de que llega a ocupar cargos de dirección del país, como diputado o ministro, y no llegó a recibir la banda presidencial porque una apoplejía lo mató justo antes. No hay manera de saber si realmente Kosinski se inspiró en Coll —ha de haber cientos de relatos de corte similar desperdigados por el mundo—, pero lo cierto es que la literatura y el arte recorren caminos intrincados. Arturo Uslar Pietri comparte con Miguel Otero Silva y Julio Garmendia un aliento renovador en las letras venezolanas del siglo XX. Gallegos es la figura señera, el faro, pero estos tres acabarían con el cuello del cisne introduciendo la psicología como motor de la trama; temas complejos como el doble, la devoción invertida en seres imaginarios, y, claro, elementos evidentemente fantásticos que después serían reconocidos como marcas del realismo mágico. Los dos primeros serán anuncios claros de lo que más tarde se consolidaría como el boom, pero por otro lado, si hay que buscar en las letras venezolanas un precedente del realismo mágico, es Garmendia, el menos conocido, a quien hay que mirar.

RJB: Por último, cuando viajé a Venezuela (hace ya tres años), en la Casa de la Cultura de Maracay, tuve el placer de conocer a un personaje (en el mejor sentido de la palabra) al que usted (según palabras de Andrea) suele referirse como "biblioteca ambulante". Una persona apasionada por la literatura cuya compañía, por desgracia, no fue tan extensa como hubiera deseado. ¿Podría usted hacer una breve semblanza del señor Manuel Cabesa?
 
JGJ: Manuel es mi hermano (y también mi compadre, pues soy padrino de agua de su hijo mayor). Nos conocimos hace varios años, poco tiempo después del nacimiento de Letralia, y ya éramos grandes amigos cuando una extraña casualidad nos convirtió también, por un breve tiempo, en vecinos. Juntos hemos recorrido bares y literatura sin detenernos a pensar demasiado en cada cosa. Es un escritor forjado en bibliotecas, ámbitos en los que ha trabajado la mayor parte de su vida, y de las que ha recibido el superpoder de encontrar relaciones entre puntos distantes de la cartografía literaria universal. Esa formación le ha provisto además de una prosa delicada. Una prosa que, por otro lado, es capaz de mover a la gente, y estoy siendo literal: cada vez que Manuel lee en un recital su cuento “Nubes con sandalias”, donde describe unos pies femeninos, las chicas del público se miran disimuladamente sus pies, quizás comparándolos con los del personaje del cuento o buscando en ellas algo de la belleza que están escuchando del narrador. Ese es un tipo de influencia que no todos los escritores pueden ejercer sobre el público.
 
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