domingo, 23 de junio de 2013

La poesía, una posible herramienta de inclusión social. Por Ricardo Juan Benítez

Hace algún tiempo quien suscribe estas líneas intentaba cargar un currículum vitae en una página digital de una agencia de búsqueda de personal. Luego de rellenar los casilleros con la información pertinente se accedía a un menú desplegable con actividades predeterminadas. Entre otros ítems figuraban: contador, sociólogo, actor, músico, mozo de salón, guionista, escultor, historietista y muchos otros oficios y/o profesiones. Pues bien, no pude hallar en ninguna página ningún menú que tuviera la descripción: literato, escritor ni mucho menos poeta.  

            Más allá de sentir que la actividad que uno realiza (con tanto amor) parecería no tener ningún tipo de utilidad práctica, esta omisión me llevó a reflexionar sobre cuan devaluada está la palabra como vehículo cultural. Por carácter transitivo todas las campañas de alfabetización, talleres literarios, poéticos, filosóficos, clubes de lecturas, tertulias poéticas y ferias de libros pasarían a ser rémoras de un pasado glorioso pero definitivamente extinguido.

            Sin embargo, a poco de caminar por diferentes barrios, sobre todo los fines de semana, uno encuentra cantidad de eventos culturales relacionados con la palabra, con la literatura, con la lírica.

            ¿Son todas personas que gustan perder el tiempo? ¿Señoras que matizan la hora del té con palabras inútiles? ¿Jóvenes que pergeñan atrocidades idiomáticas por el mero hecho de sostener ideales poéticos?
            Me resisto a pensar que, justamente, este acto haya caído en desuso: PENSAR.

            La palabra: la prosa y la poesía suelen tener el mismo efecto estimulante de una buena partida de ajedrez. Aguza el intelecto, despierta la curiosidad, enriquece el léxico, ejercita el raciocinio, genera dudas razonables, abre mentes.

            Pues bien, diferentes organizaciones no gubernamentales y reparticiones del estado llevan a cabo planes de inclusión social. Se les brinda apoyo (no sólo monetario) para el desarrollo de actividades tales como: reciclado de materiales para la creación de esculturas, escuelas de murga, talleres de títeres, clases de mimo, emprendimientos artesanales (tejidos, grabado, artes plásticas). En este caso la propuesta es la creación de talleres itinerantes de prosa y poesía para personas en situaciones de riesgo. Tal vez con el debido apoyo oficial se podrían recorrer instituciones psiquiátricas, hogares de ancianos y villas de emergencia celebrando la palabra. Escuchando y creando poemas y cuentos. Una experiencia reciente es la visita del poeta Gustavo Tisocco al hospital Braulio A. Moyano,  donde el poeta fue entrevistado por  Daniel Grad exponiendo sus vivencias ante los profesionales e internos.

            Así como el deporte ayuda a sacar a la gente de situaciones de riesgo (futbol, boxeo, básquet son algunos ejemplos); así como el teatro, la murga, las artes plásticas, la música, la alfarería, el tejido y muchas otras actividades artesanales ayudan a la gente en la dura realidad social; la literatura puede ser un vehículo cierto de inclusión social, sobre todo en un país con notable tradición en literatos de fuste como: Jorge Luis Borges, Antonio Sábato, Adolfo Bioy Casares, Silvina Bullrich,  Alejandra Pizarnik, Julio Córtazar y siguen las firmas.

            El poeta Camilo Blajaquis (seudónimo de César González, nacido en el Barrio Carlos Gardel, en la localidad de Morón en el año 1989), dice al respecto:

            “Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente. Te excluyen porque sos el negro de una villa, el negro de mierda, vas a ser chorro, obrero y nada más. El sistema te excluye y es mucho más cruel de lo que uno cree. Lo que juega es una exclusión simbólica: el de la villa es un ignorante, es un posible delincuente.”

            Blajaquis tuvo una niñez y adolescencia difícil.   Ingresó en reformatorios y en el año 2005, con 16 años de edad, se encontró primero en el Instituto de Menores Luis Agote y luego en la cárcel de Marcos Paz, entre otros institutos, purgando una condena como cómplice de un secuestro extorsivo.
Fue en ese momento que, mediante la ayuda de Patricio Montesano, una persona que dictaba talleres en la prisión, comenzó a acercarse a la lectura y a interesarse por temas políticos, filosóficos y por obras poéticas:

“Fue un renacimiento; el concepto de renacimiento en la historia de la humanidad es salir de la oscuridad de la Edad Media, de las tinieblas del oscurantismo. De repente aparecen Galileo, Da Vinci, Copérnico, otra corriente de filosofía con Descartes, los inventores, los pintores. Mi renacimiento fue gracias a la cultura.”

“Busqué todo lo que me explicara un poco como funciona este sistema. El filósofo francés Gilles Deleuze, Rodolfo Walsh, Spinoza, Nietzsche, para entender la parte existencial de esta sociedad, Michel Foucault, el Che…”

También fue Montesano quien lo estimuló a desarrollar la actividad literaria, a escribir poesías. En el tiempo que Blajaquis se encontró en el Instituto Agote, creó una biblioteca y la revista cultural "¿Todo piola?" que actualmente continúa editándose bimestralmente.

El seudónimo que utiliza conforma un homenaje al revolucionario cubano Camilo Cienfuegos y al militante sindical Domingo Blajaquis asesinado en Avellaneda en 1966, hecho relatado por Rodolfo Walsh en el libro "¿Quién mató a Rosendo?

Blajaquis estaba en la cueva a Platón, la luz que proyectaba imágenes en la pared al frente era la poesía. Montesano con la antorcha en su mano le mostró lo que había más allá de la entrada de la cueva: un mundo que puede ser modificado por los sueños.


La realidad es una creación de la imaginación. 

2 comentarios:

Sonia Quevedo dijo...

Camino y horizonte fabrican sueños, la realidad sacude el sentimiento, y el hombre, hambriento y fatigado recorre a paso lento sombras cuando…el ardiente pavimento se fisura desgastado.
Me siento alegre por esta corta lectura tan humana.

Sonia Quevedo dijo...

Camino y horizonte fabrican sueños, la realidad sacude el sentimiento, y el hombre, hambriento y fatigado recorre a paso lento sombras cuando…el ardiente pavimento se fisura desgastado.
Me siento alegre por esta corta lectura tan humana.

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