martes, 7 de agosto de 2012

Salomón Touson



El doctor Salomón Touson es médico y psicoterapeuta. Ha sido Secretario Científico de la Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y Adolescencia. Coordina talleres terapéuticos y formativos en nuestro país y en el exterior. Es profesor invitado de la Universidad Centroamericana de Ciencias Sociales. Desde 1980 trabaja en la investigación y el desarrollo de técnicas dirigidas a enriquecer y profundizar el trabajo terapéutico. Ha publicado numerosos artículos sobre su especialidad. Sus libros La imagen vs. la palabra (2000) y El Dibujo en la Terapia (2002) han sido adoptados como textos curriculares por varias carreras universitarias.





                                                                          UN SILLÓN

La Rutina. Oleo sobre Fibro fácil 
Emanuel Quiroga-Leonel Nitz


Hace tiempo que no pinta. Las vueltas de la vida lo fueron empujando hacia las necesidades más urgentes, su atención estaba acaparada por lo cotidiano, por aquellas pequeñas cosas que sumadas pueden llenar las horas, los días, la vida. Muchas veces se preguntó si no debería desentenderse de lo cotidiano, o por el contrario, si no debía olvidar la pintura. Pero hasta esa respuesta quedaba postergada.  Pasó mucho tiempo sin que el olor de los lápices perfumara su vida. Quizá un año o más. Pero era el tiempo suficiente para que aquella necesidad de dibujar, de pintar se fuera haciendo cada vez más acuciante. Como si las energías se fueran transvasando, ahora era el deseo de pintar lo que no le dejaba dedicar su fuerza a lo cotidiano. Llegó el momento en que la nostalgia de los colores no le permitía ocuparse con entera disposición a ninguna de las contingencias que antes consideraba prioritarias.
Sin embargo, la distancia, medida en tiempo, parecía haber hecho estragos en su capacidad para pintar; como cuando se alejan los objetos, se achican y se achican a medida que se separan de nosotros; hasta que son un mero punto; y luego nos parece que ya no existen, que han dejado de existir.
Volver se le hace difícil. Imagina mil y un tropiezos. Adivina que sus manos ya no querrán responder con aquella solicitud para empuñar el lápiz, para guiar un pincel.

Más teme a sus ojos y a su corazón, tan alejados ahora de todo lo que significa el color, la línea. Tan tórpidos para distinguir o imaginar un matiz. El alma también parece seca. Seca como una tabla abandonada. Como una tabla que espera. Como una tabla a la que el tiempo, paradójicamente, también hace más noble y más dócil.

La madera, sí, la madera será más tolerante con su torpeza. Tiempo atrás había hecho un sillón con las tablas que rescató de la demolición de la casa paterna. Decide entonces hacer lo que puede hacer: recupera los planos que había dibujado en aquella oportunidad y se sumerge en un mundo que se va creando entre sus manos.  El placer fue otro; pero igual colmó su alma.

1 comentarios:

Maria Eugenia Gambande dijo...

Muy inspirador

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