domingo, 23 de junio de 2013

MÁXIMO BALLESTER

Máximo Ballester nació en San Fernando, Buenos Aires, en 1964. Vive en San Isidro. Participó en varias antologías y desde 2006.   Publica sus poemas en el blog Musas Extraviadas. Sus libros editados son: Disfraz al agua (1998), Musas Extraviadas (2008), En la orilla (2009) y Poemas de autoayuda y aforismos para morir mejor (2011). Su último libro, de próxima aparición, es Poemas de Máximo Estrella y otros esperpentos, escrito con Jorge Luis Estrella.









                                     
                       METÁFORAS
























Y de pronto vino el mar
hasta mi mesa, vinieron los pájaros,
la lluvia, el cielo; de dos en dos
llegaron las flores, y acudió el viento
y bajaron las nubes. Todos pisotearon
mis papeles. Me rodearon como a un criminal,
se acercaron más y más como si fueran
a lincharme. Y entonces me dijeron:
“señor, nosotros no somos metáforas, no insista;
guárdese para usted sus juegos de soledad,
de tristeza y de silencio. Nosotros no somos
esas figuras pretenciosas”. Guardé mis papeles.
Limpié la mesa. Me fui. De pronto salió el sol. 





                           LA FÁBRICA





Las mesas, las estanterías frías.
El piso.
Las cajas apiladas.
Las bolsas con nombres de localidades
o con nombres de negocios o apellidos.
Mercadería: prendas, talles, texturas, colores.
Las cajas con etiquetas que indican un destino.
Las máquinas de sunchar.
Los rollos de tela embolsados y apilados.
Las largas mesas de corte.
Los ruidos.
Los papeles.
Las ventanas altas. El día colándose
por entre los vidrios como pidiendo permiso.
Los cielorrasos.
La losa.
Los escobillones juntos en un rincón.
Los cestos de basura.
El polvillo, la pelusa de las telas cortadas.
Nuestras pequeñas cosas por ahí, ocultas,
debajo de las mesas. Nuestras pequeñas cosas
de todos los días.
El timbre de la puerta, dócil al dedo, tonto al oído.
El timbre largo, el de llamada, que anuncia las 8.
Las camionetas afuera.
Las oficinas.
El jefe.
Los pasillos.
Los baños.
Las escaleras.
La máquina de café.
Los matafuego.
Las cintas amarillas de seguridad.
Las planchas.
Los carros.
Los canastos.
Las computadoras.
Las cintas de embalar.
Las lapiceras/los marcadores.
El talle S.
El talle 42.
El talle XXL.
El jersey, la modal, la frisa, el jean.
La radio.
Los parlantes.
La radio otra vez.
Mi ficha 190.
Todas las fichas ordenadas como pequeñas
lápidas junto al fichero.
Los relojes. La hora. Los relojes.
Las puertas, todas las puertas.
Todos nosotros.
Todos nosotros yendo y viniendo.
Todos nosotros funcionando.
Las cajas desarmadas.
Las cajas con manchas de aceite de máquina.
Las cajas cerradas con cintas que en rojo dicen:
FAJA DE SEGURIDAD.
Las bolsas que arrastramos, que acomodamos.
Las bolsas que cargamos.
Nuestras voces. Las cosas que decimos.
Todas esas palabras que a veces no sabemos bien
por qué las decimos.
Nuestras miradas. Nuestros gestos.
La fábrica vista por afuera.
La fábrica vista por dentro.
Todas las cosas ordenadas.
Todas las cosas por hacer.
Todas las cosas que hacemos y las que no hacemos.

Algún día voy a morirme por todas estas cosas. 




            HOJA























Una hoja seca de plátano atascada
en el limpiaparabrisas trasero
del Volkswagen gris que circula por la Panamericana.

Hasta aquí la poesía.

Estamos atrapados en una larga fila de autos
que apenas se mueven.

El puente que tenemos delante es algo así como
la parte inferior de un marco, el pie de un cuadro
que resguarda esa porción de cielo que miramos
donde hay una nube extendida desplazándose
a la misma velocidad que nosotros.




                MARIPOSAS



















Seguí los pasos de aquel poeta japonés 
que, enojado porque no lograba
componer el poema de una mariposa,
salió al jardín, rompió el papel con furia,
lo arrojó al aire, y los pedacitos de papel
se posaron en las ramas de los árboles.
Yo tampoco pude lograr el poema.
Y sin embargo no obtuve el mismo resultado.
Me quedé absorto mirando el ficus
y después el suelo: sentí compasión por los
pedacitos de papel esparcidos a mi alrededor.
Los examiné en silencio, lentamente,
como si practicara un ritual milenario.
El sol de la tarde bajaba y el canto de los
pájaros se escabullía detrás de los tejados.
Había algo de poesía japonesa en el aire.
Luego fui por un cesto. Y en él arrojé,
una a una, todas mis mariposas muertas. 



AMENAZAS VERDADERAS














Hay un puma suelto
en las calles de Vicente López.
Algunos lo han visto.
También hay un asesino
o tres,
y un intendente.
Varios policías, hay,
dirigentes de apellido,
e importantes cargos municipales.
Cada tanto hay un muerto.
Varias injusticias hay en
Vicente López.
Pero algunos dicen que hay un puma.




               LOS QUE NO



















Los chicos sucios rotos
drogados hambrientos mutilados
que deambulan por la
avenida Amancio Alcorta
no tienen acceso a los felices globos amarillos del Pro.
No les ha llegado “la fuerza del amor” del
Frente para la Victoria.
Observarlos / compadecerme
no hace que me sienta menos imbécil.
No alcanza con darles una moneda.
No alcanza con que revuelvan la basura.
No alcanza con los gendarmes aquí y allá apostados.
Parece que no alcanza el presupuesto para todos.
A lo sumo  con un poco de suerte
con un poquito más de merca –si consiguen–   
pueden pasar inadvertidos / anónimos   para el último otro lado. 



                THE MONSTER




















La tortuga raspa su caparazón
contra la reja del ventanal. Produce
un temblor que retumba en los vidrios.
Es evidente que quiere entrar.
Insiste levantando la puerta de la reja
unos milímetros y se queda mirándome.
Yo le hago un gesto de susto, como en las viejas
películas de terror. Me gusta que ella crea,
aunque sea por un instante, que representa
una verdadera amenaza para toda la familia. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leer a MI AMIGO MAXIMO, asi, con las imágenes y la seguidilla de versos me fascina. Máximo me ha enseñado mucho desde su forma de decir. Tiene un tacto especial para convertir lo duramente sensible en algo que nos traspasa de otra forma. Te agradezco Máximo por instalar tu poesía en mí y ustedes por publicarlo.

Lily Chavez
Córdoba

Máximo Ballester dijo...

Gracias, querida Lily. Vos sabés, todos aprendemos de todos y nos acompañamos en este camino de amistad y poesía. Gracias por tus buenas palabras, amiga. Besos.

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